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SERVICIOS DE APOYO A LA LACTANCIA MATERNA |
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EL ERROR DE LA NOVATA
Estaba dando a luz y aun no le había dicho a nadie que mi intención era darles el pecho a mis hijos. Pensé que era una cosa de cajón, que todo lo que me habían dicho en la preparación al parto se iba a cumplir, que me iban a enseñar a mis hijos, que me los iban a poner el pecho allí mismo...pero no fue así. Todo me salió mal. Daba por sentado que el sentido común imperaría, aunque no se cumplieron mis sueños iniciales, y alguien con buena fe vendría a preguntarme por mi leche, porque mi madre me dijo un día que "era pecado tirar la leche materna por las cañerías", y yo al final lo sufrí en mis propias carnes. Ahora mismo la leche es un bien tan preciado que se pide que se done para fines realmente preciosos. Pero entonces, ¿que idea tenía esa gente que me estaba atendiendo de la lactancia, si al final de largas horas de espera, no sólo no me quitan la posibilidad de parir con normalidad, sino de facilitar el inicio de la lactancia de mis hijos. Durante el parto Roberto Carlos "no apoyaba", (esas fueronlas palabras de mi señor médico) y aunque no había sufrimiento fetal, pienso que no hubo paciencia para probar levantarme del potro, sentarme en cuclillas y esperar con tranquilidad a que mi niño se colocara. A los dos pujos me retiraron del paritorio y me trasladaron al quirófano, con el diagnóstico "parto detenido", y con mi marido a la espera en la puerta, preparado para nada, con sus ilusiones muertas. Me nacieron a mis hijos, y sin gafas y con miopía, apenas logre ver al primer bebé, Roberto Carlos, que fue al único que me presentaron. Logre oír a Francisco, que salía de mi vientre llorando, con los ojos "hiper - alerta", pequeño, pero despierto, con fuerzas. Pesaron 2.450 y 1.595 gramos respectivamente. No sé que sucedió después, nadie me presentó a mi segundo hijo, nadie me preguntó si les iba a dar de mamar, nadie me dijo que tardaría 24 horas en verlos, que había que alimentarles mientras tanto. ¿Que es lo que quería hacer esta mamá? Era tarde, quizás pensaron que no podría con mi cuerpo, que tras la cesárea mejor descansar. ¿Y si hubiera tenido un parto normal? .¿Y si mis hijos hubieran nacido por la mañana? ¿Por que no se me dio la oportunidad de decidir algo?
Roberto Carlos y Francisco José no tuvieron posibilidad de poblarse de mi flora , tenían infección connatal por haber estado mucho tiempo con la bolsa rota, por las numerosas exploraciones a las que fui sometida durante la dilatación. Francisco además cogió en incubadoras una conjuntivitis. Hasta pasadas 24 horas no pude conocer a los bebés. Nadie esperó para la hora de la teta, cuando llegué, simplemente no era la hora de comer, porque les habían dado ya un biberón de una leche que no era mía, sin mi permiso, sin el permiso de nadie, sin preguntar si les iba a dar mi leche. Me entristeció, me sentí fracasada y apesadumbrada. Me hicieron grietas porque nadie me enseñó como tenían que mamar los bebés. Gracias a probar y probar aprendí sola y se curaron. Aprendí como antaño, a base de ensayo y error, pero nadie me enseñó a confiar, y poco a poco, por culpa de las comparaciones, que siempre son odiosas, empecé a desconfiar de mi misma, y como no tengo un pecho milimetrado, y uno de mis bebes era tan pequeño...quise ver con mis ojos lo que tomaban, y me pase un 80% de mi lactancia sacándome la leche y dándosela en un biberón. Sufrí mucho la obsesión del peso, y mis ojos estaban tan ciegos, que no veía que mi niño estaba precioso solo con mi leche, que si no quería mas de lo que los demas niños de biberon tomaban, era porque sabía lo que tenía que comer. Cuando volví a una revisión al Hospital, una vez con los niños en casa, y pasé a hacer una visita, las propias enfermeras se asombraron, porque parecía que había "inflado al niño", "¿pero qué le das de comer?". Le daba mi leche, pero quería que comiera lo que yo pensaba que tenía que comer, y comía como me habían dicho que tenían que comer, cada tres horas, y probar, por supuesto, que hiciera una pausa nocturna de seis horas...
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